mardi 3 février 2009

endless time

Lo conocí. Su vida entera giraba en torno a los libros. No recuerdo con exactitud su rostro, para mi él era todo hombre que se acercara a los libros, un rejunte de todos los personajes que conocía; tampoco recuerdo bien las historias que solía contarme, pero sí recuerdo la pasión con la que las narraba. Y cuando leía (eso también lo recuerdo) lo hacía completamente absorto en el tiempo de las novelas y se olvidaba de su entorno. O más bien, lograba que se fusionaran de una manera única, especial, hasta se podría decir extraña. ¿Cómo explicarlo? Si un libro narraba una historia de diez años, para él, en el tiempo que le había tomado leerlo (sea siete horas, dos días, un par de semanas) habían pasado realmente diez años. Al momento de seleccionar sus lecturas, lo hacía con mucha dedicación, y me explicaba: "Si voy a dedicarle los próximos diez años de mi vida a este libro, es necesario que sea muy bueno, que valga la pena, porque no voy a recuperarlos, y mientras lees, verás, diez años se pasan volando".
Siempre lo envidié y admiré. Para él, todos los relojes se llenaban de desiertos, de salares interminables, de tantas agujas como su imaginación concibiera.

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